martes, 18 de julio de 2017

A PRUEBA EL AMOR


No es que el amor nos ponga pruebas, es que probamos el amor…
Le echamos tanta agua a ver cuánto resiste sin ahogarse…
Le damos golpes, a ver sino se rompe…
Lo ponemos lejos, para probar sino se pierde…
Le quitamos todo lo que tiene y nos ofrece, sin darle muchas veces la oportunidad de ver el bien que hace y lo mucho que da. Así el amor empieza a vaciarse hasta secarse y siente que no ha sabido amar…
Y es que cuando sabemos que hay amor, nos confiamos, por aquello que esperamos que no muera, ni se canse, que no se marchite, ni se marche…
Pero aún con ese soplo de Divinidad, el amor es humano, y como tal nace, crece, se fortalece y sino se cuida, muere, se acaba, se pierde…
Porque el Amor también necesita alimentarse, de gestos y detalles, de esas pequeñas cosas que sorprenden y tienen magia, no se compran en las tiendas, brotan y nacen desde el alma…
Es cierto que el amor no es amor, sino causa dolor, y que el dolor con amor transforma; pero si sometemos el amor tan solo a dolor, se quebranta y se deforma.
No es que el amor nos ponga pruebas, es que probamos el amor y a veces se agota cuando siente que ama más, cuando empieza a tener miedo de soltar, pero sostener le desgasta; cuando en el tiempo ya hay menos espacios, cuando un gesto tan sencillo y pequeño cuesta tanto…
Probamos el amor, cuando le ponemos barreras, cuando algo nos cambia y somos espíritu de contradicción porque preferimos darnos el lujo de rechazar en vez de disfrutar el amor.
Y es ahí cuando el amor se enferma, grita de dolor, patalea si siente que se está ahogando, pierde la cordura, duele el corazón, da hasta la vida el amor; y no es que nos prueba, es que lo probamos, y solo cuando muere nos lamentamos.
Y es así cuando el amor se convierte en otra historia que contamos…




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