viernes, 19 de agosto de 2016

EN EL GETSEMANI

No se evita la cruz, ni se evade; se asume más no se presume, porque pierde sentido decir que tanto pesa para que los demás sepan y reconozcan tu esfuerzo o fortaleza…
Se lleva con amor, por eso se ofrece en silencio; sin esconderla, porque no avergüenza, sin mostrarla, porque no es trofeo; simplemente se hace parte de nosotros y quien aprende a conocernos, la descubre y la contempla, descubriendo en ella, la mayor expresión del Amor de Dios que nos redime…
En el Getsemani, mientras caminan, los amigos hablan de su cruz, sin pretender descargarla en el otro, sin compararla porque cada cruz es única, sin creer que ser amigo es ayudar a persuadir y ofrecer la posibilidad de evadir, de renunciar, desviándose del plan de salvación…
En el amor a la manera de Jesús, compartir la cruz, es una alianza de oración y amistad; mantenerse en vela, acompañar, escuchar, sin juzgar, ni despojar… Hacer muchas veces silencio, sin abandonar; permanecer y al final morir también, en su propia cruz, para luego resucitar.
Que mi cruz, no me esconda tu cruz; que mi vida, no me oculte tu vivir; porque en el camino siempre habrá un Jesús que nos acompañe y guie, mientras camina con  nosotros, en el getsemani.

Así es el getsemani de la vida, este es el dolor que no deforma sino que transforma; esta es la verdadera amistad que no impone cargas, ni las libera; simplemente caminan cada uno con su Cruz, mirándose con ojos de Misericordia, entendiendo que no hay que esconder la fragilidad para mostrarse fuertes, ni ocultar el barro para sentirse perfectos; porque lo más maravilloso es aprender a contemplar como en lo más humano, Dios desborda su amor Divino; y como el dolor toma sentido, cuando entendemos que reconocerlo, asumirlo, contemplarlo y ofrecerlo, es redimirnos…

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