sábado, 31 de enero de 2015

SINDROME DE IMPRESORA


Y me dijo mi loca: Hay mucha gente que padece del Síndrome de la impresora…
Por supuesto que quedé anonadada porque no entendía que me quería decir; pero ella que me conoce como si fuera yo misma, me dijo:
Hay gente que vive de la impresión, quiere impresionar y se queda con la impresión que supone le dan los demás.
Escucharás comentarios que dice; la primera impresión es la que vale.  Y yo me pregunto: y qué sucede si en ese primer momento, la impresora tenía poca intenta y no imprime bien;  lo que traducido significa; qué pasaría, si en ese primer encuentro, no ha sido un buen día  y las cosas no salen como se querían; acaso ya por eso, se juzga mal?
Mucha gente se engaña con la primera impresión, porque se queda solo con ella. Y puede que haya sido muy buena, pero quizás es solo maquillaje, apariencia, un cartucho nuevo de tinta, para el momento. Pero y si después las cosas no son como ese primer momento?.
Y que pasaría, si esa primera impresión  no fue buena, porque había cansancio, presiones, un mal momento; y quizás por eso dejamos ir, juzgamos, condenamos y nos perdemos de conocer a alguien realmente especial.
Muchos se creen impresora; y viven planeando dar buena impresión; a color, que agrade, que hable bien.
Y nosotros muchas veces nos quedamos con eso, con la primera impresión, con lo que se ve a primera vista, con lo que puede ser apariencia.
No somos impresoras,  no tenemos que vivir para dar buena impresión a nadie, porque muchas veces dejamos de ser nosotros mismos, nos negamos la humanidad, buscamos perfección.
Por vivir para dar buena impresión es que muchas personas pierden la identidad; no son felices, se apresuran en los pasos que dan y las decisiones que toman, se equivocan con lo que ofrecen y con lo que eligen.
La humanidad padece ese síndrome de la Impresora. Y cuando se les acaba la tinta? Y cuándo las cosas no son como parecen? Viene la desilusión, la frustración y se pierde la Fe.
Hay que vivir para ser un Papel en blanco en el que Dios escriba; y no para ser impresora que vive de querer impresionar y quedarse solo con las impresiones que percibe. 

lunes, 26 de enero de 2015

DEJANDO NUESTRO PAIS EN ALTO...

“COLOMBIA”  MISS UNIVERSO

He sido testigo de un acontecimiento muy importante en la historia de mi País; luego de 57 años, Colombia es elegida Miss Universo.

La hermosa barranquillera Paulina Vega, le regala a nuestra Patria la alegría de un triunfo que muestra una cara linda de nuestro país en el mundo.

Es emocionante ser testigo de este acontecimiento histórico. Los imposibles no existen y noticias así nos animan a creer en lo que soñamos.

En este mundo globalizado en el que todo se sabe, todos opinan, y somos espectadores; hay quienes se aprovechan de los acontecimientos para hacer fiestas, otros opinan, otros critican, otros felicitan, otros se burlan de lo que sea, otros convierten en dioses a los protagonistas para sentirse a la vez sus jueces y estar atentos a lo que hagan para bajarlos de su pedestal si fallan por algo; pero todos de uno u otro modo, participamos y vivimos lo que sucede a nuestro modo.

Lo que más me alegra es ver cómo es posible pintar nuestra bandera en alto, no para sentirnos más que otros, porque esa vanidad y orgullo es vana y no nos da el valor que merecemos; sino para que cuando vean a un Colombiano, se hable del deporte, del arte, de la belleza, del café, de la música, de los paisajes, de la superación, de la honestidad y logremos cambiar esa imagen de droga, guerrilla, narcotráfico, delincuencia, estafa, corrupción; que muchos compatriotas se encargan de dar en todo el mundo.

Que nuestra alegría no se fundamente en la humillación y crueldad hacia otros; que celebremos sin excesos; que sepamos usar nuestras palabras, nuestra libertad, para no dañar a nadie, para no endiosar ni condenar.


Que estas buenas noticias nos animen a seguir soñando y luchando por realizar nuestros sueños; que nos devuelvan la esperanza para trabajar unidos por la Paz: que nos animemos a ser también de esos Colombianos, que podemos dejar en alto el nombre de nuestra nación, con nuestro emprendimiento, trabajo, superación, honestidad, disciplina y empuje; pero ante todo, que demos gracias a Dios, porque hoy nos permite ser testigos de estos acontecimientos, que marcan historia en nuestra querida Colombia. 

martes, 13 de enero de 2015

¿ PARA QUE ERA QUE QUERIAMOS SER GRANDES?


Cuando pienso en lo mejor de mi infancia, me doy cuenta que lo más lindo de ser niños, es la inocencia, la magia, la fantasía, el creer que todo puede ser perfecto.

Empiezo con mi mayor ilusión, la Navidad, esperar al Niño Dios con toda su magia, imaginar que podía entrar por mi ventana y dejarme algunos regalos en mi cama; dormir y despertar, era maravilloso; asomarme, mirar el cielo y buscar en las estrellas el camino que recorrería para llegar hasta mi cuarto, era mágico.

Crecer con mi mamá al pie de mi cama, rezando todas las noches y enseñándome a hacerlo; es la base fundamental de mi fe.

Crecer con mi papá, me enseñó a soñar, a ser atrevida en mis desafíos, a ser aventurera, a lanzarme al mundo, a dar ese paso a lo que quiero por más difícil que parezca.

Mirar la TV y creer que la vida de aquellos a los que admiro por lo que hacen, por como cantan, bailan, actúan, es perfecta y mágica como la muestran; me hacía anhelar ser famosa y una estrella.

Disfrazarme los 31 de Octubre de cada año, sólo por caracterizarme de algún personaje, y por pedir dulces; era un rito sano, hermoso, seguro y divertido.

Creer que todo el mundo es bueno y que los únicos malos que existen son el “coco” ese que te coge por la noche si sales solo; el “sereno” que es el que te enferma si sales desabrigado o sudado y que los policías nos llevan a la cárcel si nos portamos mal, eran mis mayores temores de esos tiempos.

Recuerdo que no me importaba participar en desfiles de belleza en mi urbanización, porque me sentía hermosa y sentía que todos me miraban bien; no entendía de mis diferencias físicas porque en el ambiente en el que crecí, yo era especial, sin ser rara, era normal como todos los demás.

Era tanta mi frescura y relax de este mundo, que disfrutaba siendo feliz, pasándola bien, teniendo muchos planes con mis amigas y amigos, viviendo e inventario historias fantásticas, enamorándome, bailando Menudo, jugando de todo, tanto que reconozco que dejé de lado mis estudios, no estaban en mi escala de prioridades, hasta que empecé a crecer.

¿Para qué era que queríamos ser grandes? En realidad yo no quería serlo, tanto que no supe decidir en el momento en que me toco elegir que quería ser; porque para mí era mejor ser niña por siempre.
Quería ser veterinaria porque amo con el alma los animales, ser  famosa porque me apasiona el arte, recorrer el mundo porque tengo espíritu aventurero… Para eso quería crecer; pero quería ser grande creyendo en lo mismo que siempre he creído y pensando que es verdad todo lo que veía cuando era niña.

Sólo que fui creciendo y de qué me di cuenta?

Primero que el niño Dios, Papá Noel y los Reyes, no son quienes entran por tu ventana y ponen los regalos en tu cama; son tus padres, y aunque eso es maravilloso, pierde la magia; era más lindo pensar que podía pasar que si me decido a abrir los  ojos, era posible pillarme al niño Jesús en compañía de la Virgen María, poniéndome mis regalos… Más que los juguetes, esa era la más linda ilusión; porque aún después de que descubrí la verdad, seguí recibiendo regalos; pero jamás sentí lo mismo, que cuando pensaba que era el Niño Dios quien los ponía en mi cama.

Empecé a darme cuenta que las apariencias importaban, que el mundo las señalaba, discriminaba por eso; para las personas la belleza entra por los ojos, el color y la clase social importan y muchas veces el valor que se le da a los demás depende de eso.

Descubrí que ser bonita, modelo o reina, no es ser feliz; porque para eso tienes que dejar de ser y hacer muchas cosas, someterte a otras más y hasta sufrir; para que el mundo te trate como objeto y no como persona, Así que preferí no ser nada de eso y le di gracias a Dios por no tener las medidas que exigen para clasificar en ello.

Siendo grandes, las peleas son más frecuentes y duraderas; antes uno discutía por bobadas, pero enseguida lo olvidaba y era como si no hubiera pasado nada.  Hoy en día, al ser mayores, cualquier discusión daña todo y deja residuos en el alma.

Recuerdo que cuando tenía 13 años, había un programa de TV Colombiano, llamado Pequeños Gigantes; las historias y la música que ofrecían, invitaba siempre a eso, a seguir siendo niños por dentro. Por eso desde siempre, admiré a quien aún, siendo adulto, fuera capaz de imaginar y pensar eso,  a Toni Navia; y mi sueño era conocerla; estar de cerca con eso que ella hacía, seguir aprendiendo de ella; y lo logré; y ha sido de las mejores cosas que me ha pasado en la vida.

A los 16 entendí que era necesario estudiar para ser alguien en la vida, y retomé mi responsabilidad en hacerlo hasta que logré graduarme con muy buenos resultados; a los 18 me di cuenta que debía trabajar para elegir yo misma lo que quiero y tomarme mi tiempo en hacerlo.

Y poco a poco, aunque fui creciendo en edad, decidí que no quería crecer por dentro, aunque el mundo me mostrará que mucho de aquello en lo que creí y soñé no era cierto.

Los artistas que admiraba y a los que soñaba imitar, llevan una vida de soledad, vacío, drogas, alcohol y desenfreno; lo que hay detrás de Disney es toda una mentira; todo es un negocio y muchas de las personas que triunfan, hacen cosas indebidas, se sueltan de la mano de Dios o se llevan al mundo por delante para hacerlo.

Hoy tengo 45 años, le di a mi vida otro sentido, otro camino, muy distinto quizás al que mucha gente le ha dado; me dediqué a seguir soñando y hacer realidad mis sueños; recorrer el mundo, transformar lo que se sabe y se dice de la acondroplasia, educar al mundo con respecto a las diferencias y a la discapacidad, disfrutar a mi familia, sostenerla espiritual y emocionalmente, trabajar para ayudar a mi mamá; llevar un mensaje al mundo que ayude a que la gente siga soñando, a que no pierdan la inocencia de los niños, a que se siga creyendo para que exista la magia y la fuerza de los sentimientos.

Hay quienes piensan que quizás no he crecido, solo porque sigo soñando, buscando el mensaje que deja todo lo que existe, queriendo aprender de la vida, aferrarme al Amigazo, llenarme de música, arte, pensamientos fantásticos y sensibles.

Hoy trabajo por saber remover las fibras más íntimas del alma, esas que la humanidad necesita y busca que le toquen, porque estamos en un mundo tan vacío y superficial, que ya nos da miedo sentir.

Mis alumnas dicen que sé hacerlas llorar; solo porque con mis palabras puedo tocarles sus fibras y despertarles su sensibilidad.

Y cuando escribo, simplemente plasmo lo que veo, lo que siento, lo que vivo y contemplo que viven los demás; no es invento, es la realidad.

Hay quienes sin conocerme y solo con verme o leerme, llegan a pensar que soy mágica; pero no, soy tan humana que me siento de barro, de ese que se rompe, que embarra muchas veces cuando lo tocan, que tiene demasiado defectos y fragilidades, que también guarda sus lados oscuros, que peca de muchas formas, que experimenta toda la humanidad y debilidad que puede sentir cualquier persona.

Simplemente, más allá de todo eso, no pierdo mi esencia de niña, no dejo de creer, no pierdo la fe, no me suelto del Amigazo, disfruto todo lo que tengo, me gozo las cosas más sencillas y pequeñas, me doy permiso de todo, hasta de fallar, de tener  miedo, de coger rabia, de ser feliz, pero nunca me estanco en nada por muy malo o por muy bueno que sea, porque nada es eterno, todo llega y todo pasa; solo hay que vivirlo intensamente.

Sigo viendo todo grande, como cuando era niña; eso me ayuda a esforzarme de más, a no darme por vencida y a darme cuenta que al final, nada me queda grande en la vida.  


jueves, 8 de enero de 2015

YA DE SERES HUMANOS, HEMOS PERDIDO LO HUMANO


 Viendo todo lo que ocurre en el mundo desde la historia de la Humanidad, siendo testigo de lo que está pasando hoy en día, y deteniéndome en una frase que dijo una de mis alumnas como eco a la matanza que hay, no solo de personas sino también de animales; uniendo todo eso con las palabras del Papa Francisco, que dijo: “La crueldad humana no tiene límites”. Quedé sumergida en mis pensamientos y me fui a charlar con mi loca que me dijo:
“Ya de seres humanos, hemos perdido lo humano”… ¿Hasta dónde llega la crueldad y lo inhumano en lo que nos hemos convertido?, si somos capaces de torturar, violar y matar; si no nos medidos para tomar la justicia por nuestras manos, porque la justicia humana no sirve y la Divina la vemos incierta y lejana?.
Hemos perdido la humanidad, a tal punto de que las personas son cifras de ganancia o pérdida, obstáculos o trampolines en el camino, compañía que se usa o se deja.
Hemos perdido la humanidad, de tal manera que somos solo espectadores, comunicadores, que antes de intervenir o hacer algo, preferimos grabar, tomar una foto, mantenernos al margen o simplemente pasar de largo.
Hemos perdido la humanidad, y ya el maltrato a animales es una diversión; la destrucción de bosques una inversión y el abuso a seres humanos, un inmenso placer que si se vende puede enriquecer.
¿Hasta dónde llega la crueldad humana? Ya no tiene límites; las personas se han vuelto violentas, cuantificadas, interesadas, realmente inhumanas.
Estamos lejos de Dios, no respetamos nada, ni los credos, ni las posturas políticas, ni los sentimientos; vivimos en constantes batallas, con nosotros mismos, con la familia, con las personas que están a nuestro lado.
La libertad no es abuso de poder, ni de palabra, ni de espacios, ni de posturas, ni de roles, ni de estatus; usamos la palabra “Libertad” para llevarnos el mundo por delante.
Ya de seres humanos, nos queda solo lo de seres, porque estamos vivos; pero lo humano lo hemos perdido; usamos la necesidad del otro para publicar las obras buenas que hacemos y que el mundo sepa que somos buenos; cuando en realidad lo que vale son las cosas que se hacen en silencio.
Señalamos los pecados de aquellos, que pecan diferente que nosotros o aún los que fallan tal cual como fallamos, pero lo ideal para todos, es juzgar y no ser juzgados.
Y Dios?... le culpamos de no hacer nada, de las cosas que pasan, de ser indiferente o de castigarnos con la crueldad humana… no es Dios, porque el mismo quiso hacerse Hombre y sintió en carne propia la crueldad del mundo que Creó, pero aún así, su respuesta siempre fue, ha sido y será el amor y el perdón.
Lo humano lo hemos perdido, porque nos soltamos del amor Divino, porque queremos andar sin control por el mundo, sin límites, sin normas, haciendo lo que nos provoca.
Cuando se pierde el respeto, se deteriora lo humano, se le da cabida a la intolerancia, se abusa de la libertad, se genera la violencia y se asesina la paz.