sábado, 7 de febrero de 2015

A PRIMERA VISTA

Lo que más realza el ser humano en los demás, es la apariencia. Porque vivimos de eso, de lo que vemos, cómo lo vemos y cómo nos ven.

Y a lo largo del tiempo, sigue siendo lo que se ve, lo que nos lleva a juzgar, medir, clasificar, discriminar o incluir eso que nos entra por los ojos.

Y me pregunto: ¿Hasta dónde llega nuestra capacidad de ver? ¿Acaso nos quedamos solo con la figura, con el maquillaje, con la ropa, con las diferencias que sobresalen y rompen esquemas de lo que parece ser común, pero que en realidad es diferente, porque nadie es igual a nadie?

Con la mirada, aprobamos, desaprobamos, intimidamos, incomodamos, conquistamos, señalamos, herimos y hasta dañamos.

Con la mirada, hablamos, transmitimos sentimientos, llamamos o rechazamos; por eso, dime cómo me miras y te diré qué eres capaz de ver.

¿Qué percibes a primera vista cuando me ves?
¿Qué dirías si a ciegas te encuentras con que seré miembro de tu equipo deportivo o de tu trabajo; que tal vez debas hacer parte de un proyecto que estoy liderando, o que soy la persona que acude a tu propuesta de empleo?

Algo si te digo; las apariencias engañan, no es la imagen la que define y tiene la verdad absoluta de lo que es eso que ves.

No me hables en miniatura, solo porque mido 1, 20; no limites mis capacidades por mi apariencia, ni me relaciones con aquello que a primera vista te recuerdo por los estigmas que existen frente a mi imagen o condición.

No me veas como algo raro, quizás porque no tengo tus medidas; tu tampoco tienes las mías y no te veo de otro modo, más que con respeto y naturalidad.

Y es la mirada de muchos la que logra que algunos recuerden sus diferencias y empiecen a ver en su camino obstáculos en lo que buscan y sueñan.


Sácame de tu cuento, cambia ese sentimiento que brota a primera vista cuando me ves, no me tengas lástima, no supongas que no daré la talla, ni temas que no voy a poder hacer lo que de mí, esperas. Simplemente concédete y concédeme la oportunidad de conocerme y verás que no pasará mucho tiempo para que aprendas a verme como realmente soy; no encontrarás más diferencias que las que todos los seres humanos tenemos y que nos otorgan un valor especial que a todos por igual nos regaló el mismo Dios, ese que así tal cual nos soñó, porque para El todo lo que hizo, cuando lo creó;  lo contempló y vio que era Bueno.

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