sábado, 23 de abril de 2011

NO PIERDAS LA ESPERANZA…

Todos los días me levanto pensando… hoy si llegará lo que estoy esperando…
Abro la puerta cuando creo escuchar sus pasos, miro por la ventana para ver si diviso algo, y aunque hayan voces que siempre dicen, ya no esperes más que eso que anhelas parece imposible, yo trato de no escuchar, para que nada ni nadie me apague la luz que me permite ver y esperar, sin desfallecer…

Pienso y me ingenio la manera de lograr lo que tanto sueño, porque aunque mire al firmamento, anhelando verlo como estrella, asì sea fugaz, no me paso el tiempo mirando al cielo, sino que busco mil modos de hacerlo realidad y no pierdo la esperanza de que algún día llegará…

Tal vez solo me hable o me mande una señal… tal vez me regale un instante o me permita disfrutarlo mucho más, tal vez solo pueda verle sin poderle tocar… pero vendrá, tengo la plena seguridad; eso es saber esperar…

Puede ser una oportunidad, una persona, un sueño, un sentimiento que quiero albergar; una luz, una melodía, un ruiseñor que me cante y alegre mis días… sea lo que sea lo que se espere, no hay que dejar de confiar…

Hay días en que la humanidad, se cansa y quizás haya momentos en que no abra la puerta, ni me asome a la ventana, ni me fije en las voces que me hablan, porque tal vez siento que esta vez como muchas no pasará nada… Hay días en que se apaga la vela y se esconden las estrellas y cuesta tanto creer que existen en el cielo aquellas que aunque fugaces se les pueden pedir deseos; son días en que quizás soplan más fuertes los vientos, aparecen tormentas, estruendosas o como vasos de agua que nos sorprenden y nos intentan ahogar y apagar esa luz llamada esperanza, que tanto debemos conservar y cuidar porque es la que le da sentido a nuestro andar…

Pero hasta la noche más oscura tiene su fin y le da la oportunidad a otro día, y el Dios que es amor, busca la manera de devolvernos la paz y la alegría; enciende como por arte de magia esa velita que nos ilumina, y empieza de nuevo esa fuerza que nos impulsa a trabajar y buscar, a esperar hasta hallar lo que tanto se anhela, sin perder la ilusión, ni la fe, porque pase lo que pase, no hay que renunciar a lo que se sueña ni darlo nunca por perdido…

Amanece otra vez y con las fuerzas renovadas, sin caer en la rutina, aprende el alma tantas cosas que le enseña el ritual de cada día y que mantiene viva su esperanza, el abrir la puerta y asomarse por la ventana, disponer los oídos a escuchar la voz que le da calma; abrir el corazón para acoger ese sentimiento que tanto necesita; abrazar el sueño, que se disfraza así como lo imagina…

NO quiero ni pensar lo que sería la vida, si dejáramos de abrir la puerta y mirar por la ventana, sino volviéramos a contestar jamás a las llamadas, si decidimos andar a oscuras, con la mirada hacia el suelo para no ver más el cielo y con toda ilusión apagada para no volver a esperar ni soñar nada…

Por eso, pase lo que pase, no dejemos nunca de creer y esperar…

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