sábado, 23 de abril de 2011


No Hay mayor Amor que Aquel que es capaz de dar la vida; fue lo que nos enseñó Jesús, y es en la cruz donde El da testimonio de esto que predica… Es por eso que Amar es un camino de Cruz, que nos lleva a morir a sí mismo para poder vivir en el verdadero Amor, en este peregrinar, se asume cada estación:

La condena…

Inocente o culpables del sentimiento que nace, el amor nos condena a que sea eterno, si así lo queremos; lo que implica, aprender a cuidarlo, rezando por ello, olvidándonos de nosotros mismos, muriendo a nuestros egoísmos…

La Cruz…

Al amar, la humanidad y la fragilidad nos cuestan, las pruebas que el mismo amor atraviesa, la fortaleza y constancia que se necesita, para no sentir que el amor nos pesa… tal vez a veces habrá uno más que se esfuerza, pero cuando se ama de verdad, esos esfuerzos de más, no son carga ni sacrificio, son expresión de un Amor más divino…

Las caídas…

Tropezaremos con las palabras, con lo que hacemos u omitimos, caeremos en reclamos y en malos entendidos; sentiremos como el tiempo o la distancia pueden hacernos caer y habrá mucho más que nos haga recaer; en el amor verdadero, todo esto es necesario, porque cada vez que tropezamos, nos levantamos y de nuevo, una y otra vez, empezamos …

El encuentro…

Cara a cara con el principio del cual venimos, con las páginas escritas de un pasado, con los recuerdos que nos acomodan, y a los que a veces nos abrazamos; sintiéndonos frente a frente con el futuro que soñamos; hacen que el amor pase por muchos filtros, pretenda movernos el piso, se haga presente en cada encuentro, nos muestre rostros distintos y nos permita poner en orden nuestros pensamientos y sentimientos, sin robarnos la libertad que nos concede, el amar de verdad…

La Ayuda…

Y es que a veces se nos hace necesario que alguien nos ayude en ciertos momentos, cuando del amor nada entendemos y le tenemos miedo, cuando alguna vez por amar sufrimos y ahora nos prevenimos, cuando nos cuesta tanto aprender que debemos morir a nosotros mismos… Es en todo esto en que sentimos necesario que salga alguien a nuestro encuentro y nos regale su palabras o nos preste sus oídos, es ahí donde Dios se nos hace el Mejor de los Amigos…

Los despojos…

Amar implica despojarse, de miedos, vanidades, apariencias y egoísmos…

El Amor nos desprende de nuestras propias necesidades, para pensar en las de la persona amada, nos hace amarla como a nosotros mismos…

El amor nos libera en todo aquello que nos arranca, porque muchas veces son cadenas que no nos dejan amar plenamente como lo hizo Jesús, a su manera…

Los Clavos…

Y es que en el amor, el dolor puede unir o fundir el sentimiento a lo más profundo del corazón… Los clavos suelen ser situaciones que nos ponen a prueba con aquello que proclamamos será eterno, pero cuando lo superamos, nos aferra para siempre a lo que estamos sintiendo… la distancia, el tiempo, la fragilidad, las palabras, el silencio o los diferentes momentos… se nos clavan pero no matan el amor que estamos viviendo.

El Morir…

A los resentimientos, a las heridas, a pensar primero en mí que en ti, morir a todo aquello que impida vivir en libertad, este sentimiento que realmente nos hace vivir…

La sepultura…

Y queda enterrado lo que pasó luego de que fue aclarada la discusión; y guardaremos para siempre las ofensas que ya hemos perdonado, y dejaremos sepultados los miedos ante lo que sentimos y todo aquello que le robe al amor su toque humano y divino…

La Vida Nueva…

Y así cuando amas tanto hasta morir, aprendes a vivir… porque habrás encontrado un sentimiento que será eterno, pasó y venció la prueba, entregó su humanidad y dejó actuar en él lo Divino… Ahora lo que sentimos nos hace libres, porque nada me debes y nada te debo, todo te doy y nada más espero, solo conservar para siempre esto que me hace sentir en la tierra, el cielo…

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