viernes, 18 de marzo de 2011

LOS INSTANTES...

La vida se conforma de muchos instantes que suceden cada día, algunos cortos otros más largos, pero cada uno es único y no se repite…

Hay instantes que nos ofrecen risas, otros quizás nos desprenden lágrimas; están los que nos regalan sueños y otros nos pueden llegar a robar esperanzas… con cada uno de ellos vamos tejiendo la oportunidad que Dios nos regala de sentir que estamos viviendo…

Son tantas las cosas que pueden sucedernos en tan solo un instante de tantos; podemos ganar o perder, avanzar o caer; soltar o sostener, construir o destruir, todo eso y más en tan solo un momento…

Avanza el reloj en cada segundo, se puede destruir toda un nación en un instante, con un terremoto o una explosión; se quebranta un cristal y se rompe una relación de tantos años en menos de un minuto, y así son muchos de los instantes, efímeros, pero también hay demasiados que son tan poderosos y tan profundos…

Se siente pleno el instante en el que se disfruta un beso y un abrazo, aunque pareciera que duran muy poco; pueden ser tortuosos los instantes de ausencia en los que la distancia se interpone y el tiempo se roba momentos únicos…

Tantos instantes que se nos regalan cada día gratuitamente y se nos escapan o preferimos dejarlos ir sutilmente, porque no logramos verlos o descubrirlos oportunamente… y en esa capacidad o negación de profundizar o reflexionar, más aún cuando se nos pretende mover el piso y cuestionar, optamos mejor porque pasen, ya sea por miedo o ignorancia, cuando sabemos que en tan solo un instante, las cosas ya no serán como antes.

Lo triste es que se nos escapen esos instantes, en los que se nos da la oportunidad de compartir con las personas que amamos, los invadimos de reclamos sin sentido, los llenamos de discusiones con las que nos herimos, los evadimos para no adquirir otros compromisos, los ignoramos para no confrontarnos, los soltamos, porque quizás puedan exigir de nosotros el entregar más de lo que damos o el desacomodarnos…

Solo cuando sentimos que se nos acaba el tiempo de estar en un determinado lugar, de revivir muchos momentos, de compartir con alguien especial, de luchar por un sueño… justo cuando nos llenamos de miedo, de perder algo que amamos, de experimentar que se concluye una etapa o se nos escapa algo … Solo al percibir que las cosas pueden cambiar o se están deteriorando, y sentir la inmensa necesidad de reparar o recuperar lo que se nos rompió o perdió en los instantes que derrochamos… Tal vez solo ahí es que nos lamentaremos, de tantos momentos que pudimos vivir, de todos los que se nos fugaron, de aquellos en los que no usamos nuestros sentidos y de los que desaprovechamos… Ahí es quizás cuando aprendemos a valorar cada uno de los instantes que sin pedirlos, Dios nos ha regalado…

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