martes, 30 de marzo de 2010

LA MAS PROFUNDA TRISTEZA Y LA MAS GRANDE ALEGRIA…

No hay tristeza más profunda que la que se experimenta al perder a la persona amada, sobre todo cuando se rompe el sentimiento que los unía… porque es demasiado doloroso verla y no tocarla, saber que alguna vez se tuvo y no poder recuperarla… es un dolor muy diferente cuando es la muerte la que separa, porque el sentimiento permanece para siempre y le da fortaleza y resignación al alma…

Así mismo es indescriptible, la paz que se experimenta cuando se es capaz de ofrecer o recibir perdón, porque sabemos que en ello está el enorme paso a la milagrosa reparación y restauración; no existe más alegría para el corazón que la de saber que se ha podido recuperar lo que se creía perdido o se nos regala otra oportunidad para volver a abrazar al verdadero amor o al mejor de los amigos…

Es por eso que cuando el pastor pierde su oveja, deja las 99 para ir en busca de la que está perdida y no regresa hasta encontrarla; porque se vive demasiada frustración y agonía, sentir que perdimos aquello que se nos ha confiado, lo que más hemos querido, lo que tanto hemos cuidado … Es inigualable la alegría que experimenta el Padre cuando contempla el regreso de aquel hijo que se extravío, aunque los otros permanezcan a su lado, no deja de llorar y rezar por aquel que se marchó… y cuando lo ve venir a lo lejos, no duda de salir a su encuentro, porque recuperó al hijo perdido y lo vio de nuevo vivo cuando creyó que había fallecido.
No hay dolor más grande que la pérdida, de la verdadera amistad y del amor sincero, así mismo de aquel regalo que alguien especial nos hizo o del objeto material que con tanto esfuerzo y dedicación pudimos adquirir … hasta nos sentimos capaces de renunciar a todo lo demás, como a nuestros egoísmos y nuestra vanidad, vencer los resentimientos, cambiar u ofrecer a cambio algo quizás de mucho más valor material, con tal de recuperar eso que tanto significaba para nosotros y que nos duele demasiado saber que ya no le tenemos más.

Es mágica la alegría que se experimenta al recuperar, restaurar y sanar… cuando por fín se logra el perdón de aquella persona a la que se le falló, cuando se ve regresar ese sentimiento que creímos se perdió… cuando se puede volver a tocar aquello que se nos extravió; en todo ello respiramos profundo, sentimos una gran emoción que nos desprende lágrimas con el sabor agridulce de la reconciliación, reparación y sanación…
Cada día que se nos regala es una nueva oportunidad que se nos da, para valorar lo que tenemos y tanto amamos, para ser dóciles y humildes en ese proceso de reparar, recuperar y sanar; para ser capaces de amar tan intensamente que logremos ofrecer y recibir la magia del perdón, porque nada causa más tristeza y dolor que perder lo que se tenía, la confianza que algún día alguien nos brindó, la amistad sincera que se nos ofreció, el amor verdadero que se nos profesó, la persona que más amamos y la que más nos supo amar, el calor de hogar que ya no existe, se esfumó…

No podemos rendirnos nunca en la lucha por recuperar, sanar, reparar, sentir la fuerza para pedir perdón y experimentar tanto amor que sea capaz de perdonar… cuando se logra esa sanación y restauración, cuando sientes que has encontrado lo que creías perdido y ha renacido el sentimiento que pensaste había muerto… experimentas tan alegría, gozo y emoción como la que se vive en el cielo cuando se toma de la mano de Dios aquel que lo había soltado y se había extraviado pero que ahora ha vuelto…

No esperes perder para valorar lo que tienes, no te rindas en reparar ni tengas miedo de regresar, recuerda que Dios cada día te regala una nueva oportunidad… ¡Animo, aún estás tiempo!...

martes, 9 de marzo de 2010

miércoles, 3 de marzo de 2010

DONDE ESTA TU TESORO… AHÍ ESTA TU CORAZÓN…

Ahí dónde está tu tesoro, ahí donde habita lo que para ti tiene más valor… ahí donde está eso que tanto cuidas y sientes demasiado sagrado… ahí está tu corazón…

Y todo lo que tenga su nombre te lo recuerda… y aún lo que lleve su aroma o su color, tal vez para muchos no signifique nada, pero para ti vale mucho porque ahí donde está tu tesoro, ahí está tu corazón…

Y eso que le da tanto valor a tu tesoro, lo hace único y diferente a todo lo demás, aunque parezca igual ante tantos ojos, que no han tenido la oportunidad de vivir como tu ese ritual, que te permitió ir mucho más a fondo, poder conocer profundamente y aprender libremente a amar, a quién hoy se ha convertido en lo más valioso que tienes y en el lugar donde se encuentra, tu corazón siempre va a estar.
Aprendes a sentir lo que siente y asumir sus emociones así tal cual, ríes cuando sonríe… y si llora, te entristeces… coinciden en lo que dicen, presientes hasta lo que vive, aún cuando lo calla o lo expresa libremente… hasta puede suceder que muchas diocidencias ocurran, a lo que no habrá ninguna otra explicación que la que sustenta esa gran verdad, que dice: Ahí donde está tu tesoro, ahí mismo tu corazón está…

Así no se siente la distancia, cualquier obstáculo se logra superar, porque la fuerza de los sentimientos cuando son de verdad, se hace tan intensa y constante, que no hay tiempo ni espacio que les logren ganar… nada puede separarte, de aquello que para ti tiene tanto significado y valor, puesto que donde esté tu tesoro, estará siempre habitando tu corazón…
Y tal vez ya lo has vivido, el que otros no logren entender lo que experimentas, cuando algo te lo recuerda o te preocupas por lo que le pase, cuando te alegras de lo que le haga feliz o haces lo que sea para que no llore, cuando le cuidas de mil formas o rezas intensamente para que Dios le abrace y le proteja, ofreciendo a cambio de ti lo que sea, porque ese tesoro que has encontrado, se ha apoderado de un lugar enorme de tu corazón y bendice tu existencia.

Ahí donde está tu tesoro, ahí está tu corazón… por eso lo defiendes de todo enemigo que quiera romper los lazos que se han forjado uniéndote fuerte y a la vez libremente a esa persona que para ti tiene tanto valor… y es tanto lo que puede llegar a significar, que se hace demasiado sagrado y por defenderlo quizás seas capaz, hasta la vida entregar… por eso, sabes muy bien, que la mejor forma de cuidarlo es, defenderlo de la rutina, la envidia y la superficialidad, tenerlo siempre presente en tu oración y en las manos del mismo Dios poderlo confiar.

He ahí una gran verdad y quien tiene el privilegio de encontrar un tesoro, sabe que en el lugar donde habita, ahí mismo su corazón ha de estar…