martes, 12 de mayo de 2009

ROMPE LA RUTINA, VALORA, DA GRACIAS Y CUIDA...

Porque muchas veces cada día parece que fuera una repetición y nos acostumbramos a lo que tenemos, tanto que ya ni lo vemos; se nos olvida que para que no se marchite ni se muera la flor, hay que alimentarla a cada instante y hacerlo valioso, sin convertir este ritual en una rutina que le haga perder sentido a todo aquello que cuando surgió se veía demasiado hermoso...

No te acostumbres a todo aquello que hace sublime tu jardín, asómbrate por ver salir el sol, por escuchar la voz de aquellos que tu sabes, siempre están ahí; piensa que hoy puedes andar, que ese techo que te cubre es un regalo que Dios te da, disfruta del alimento que crees confiadamente nunca te va a faltar, sorprende a las personas que amas, no hagas, digas, ni te guardes nada que más adelante te puedas lamentar...

Rompe el silencio con una palabra que devuelva las ganas de vivir y continuar, no permitas que se suelten y se alejen sin darte cuenta las personas que más has sabido amar, trata de ver más allá de cada rostro, tal vez un gesto tuyo puede una vida salvar; cuida y disfruta el agua que hoy puedes beber, todo eso que tenemos mañana quizás y sin darnos cuenta lo podemos perder...

Acuérdate que hay un Dios que es amor y te ofrece de sí lo mejor; no esperes a sentir que ya nada tiene solución para darte cuenta que solo El puede ayudarte y solo así acordarte que existe y tratar de refugiarte con angustia y desesperación en la oración; no pidas solamente milagros cuando creas que ya nada puedes hacer, ocurren cada día y en cada momento bendiciones y prodigios que por estar tan ciegos en nuestros egoísmos, no sabemos contemplar y agradecer...

Hoy en día por ver solo las apariencias, conformarnos y acomodarnos con aquello que ahí vemos, le perdemos sentido a nuestra existencia, no sabemos a dónde vamos ni qué es lo que realmente queremos; es por eso que vemos como todos los días, las relaciones se deterioran en el intento, porque se dejan envolver por la rutina, se le deja la responsabilidad a una sola persona que se agota al querer sostener y salvar lo que se creía era el más hermoso de los sentimientos; no perdamos esa capacidad de sorprender al otro y de sorprendernos, con solo darnos señales de vida y acallar los ruidos externos para escuchar los latidos y voces de nuestros corazones y de lo que llevamos dentro; podremos saber que ofrecer y necesitamos recibir cada día, para hacer único y especial cada instante de vida que tenemos...

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