jueves, 18 de diciembre de 2008

DOÑA SOLEDAD....

Usted que es de muchos la más fiel compañera, que aparece sin que la llamemos, sobre todo cuando nos refugiamos en lo más profundo y escondido del alma, anhelando encontrar en algún rincón escondido un poco de calma…

Usted que aun haciéndose presente, nos hace sentir tan ausentes; y aunque nos ofrece su abrazo, experimentamos frío y vacío estando en su regazo…

Usted que ve lo que nadie ve y que en ocasiones necesitamos que otros vean, usted que no dice nada cuando añoramos que alguien nos diga alguna palabra que rompa el silencio ensordecedor que su susurro nos deja… Usted la amiga que no consuela, cuando clamamos silenciosamente alguna palabra, un gesto, un abrazo que nos ofrezca así sea un poco de paz para que la herida ya no duela… usted la que intenta a veces arrastrar, alejándonos de los demás e insinuándonos que solo confiemos en usted y en nadie más.
Usted Doña Soledad, a veces tan imaginaria y otras tan real, que aparece aún entre tanta gente que camina y se instala a nuestro lado estando sin estar, pasando sin darse cuenta de lo que el corazón siente o lo que pensamos, solo usted lo sabe y hasta lo presiente, pero finge demencia, nos acompaña, nos roba alguna lágrima, nos deja como consuelo un lápiz y un papel, un perro, una almohada, la opción de rezar, cantar alguna canción que hable de lo que siente el corazón; y un reloj que con su tic tac nos marque el ritmo del latir y nos haga sentir que el tiempo que se va, ya no vuelve a venir y lo que no se viva ahora, no lo volveremos a vivir…
A usted, podemos hacerla amiga o Maestra, aprender de todo lo que quita o presenta, parece valiente, pero se siente muy débil ante la flor que germina, la presencia familiar o el corazón fiel que traiga como regalo eso que tanto soñamos y necesitamos, aquello que llaman amor o amistad… A usted Doña Soledad, a la que no hay que temerle, porque lo que haga o deje de hacer, no nos puede detener en nuestras luchas por hacer los sueños realidad, con o sin usted, aferrándonos a Dios, nada nos puede detener y es ahí que sentiremos que cuando El está, usted ha de desaparecer… y le diremos adiós que le vaya muy bien…

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