sábado, 1 de noviembre de 2008

CUANDO NACE UN SENTIMIENTO...

Cuando nace un sentimiento, que le da sentido a cada uno de nuestros momentos, llámese amor o amistad, el corazón experimenta gozo y plenitud, y se llena de luz el alma por aquello que se convierte en algo muy valioso que se debe saber cuidar…
El compartir se inmortaliza con detalles y recuerdos, las emociones están a flor de piel, muy fácilmente se sube o se baja del cielo; se ríe o se llora, se cree o se pierde la fe… todo depende del momento, de lo que se experimente con ese sentimiento que se llega a convertir en lo que anhelamos y soñamos sagrado y eterno…
Muchos rondan y observan los efectos que logra quien tiene el privilegio de vivir, aquello tan inmenso que muchas cosas hace sentir; hay quienes en esa impotencia ante lo que no han sabido construir, buscan dañar con palabras y acciones, se las ingenian para tratar de destruir…

Y ante lo que vemos demasiado hermoso, existe en ocasiones escepticismo, porque parece irreal lo que se ve casi que perfecto; y es precisamente esa inseguridad, la que nos baja la guardia ante lo que dicen y hacen los demás, haciendo vulnerable lo que cuidamos con tanto recelo…

Por eso hay que alimentar con detalles, proteger con prudencia y fidelidad, buscar la manera de estar sin ahogar, abrazar sin apretar, respetar individualidades y libertad; creer en lo que se ha cultivado, acoger a plenitud lo que se nos ha brindado, valorar eso tan maravilloso que la vida nos sabe adornar, sentir el privilegio de contar, con un amor así inundando de amistad… Porque se ama a los verdaderos amigos y se es un verdadero amigo de la persona a la que se ha de amar; ambos sentimientos son uno solo y le dan sentido al existir de quienes se dan permiso de poderlo experimentar…


Así, con el ser desbordado de todo ello, el hacer se convierte en expresión y cada situación se aprovecha para hacer real lo que consideramos lo más bello; los ojos se visten con un nuevo brillo, la sonrisa se acomoda en el rostro que refleja paz y plenitud por poseer todo aquello; sentimos el abrazo de Dios, todo parece mágico por tanto detalle que emite destello…
No podemos negarnos la oportunidad de vivir el sentimiento, aunque no sepamos cuanto va a durar o tengamos miedo de que no sea eterno; hay que disfrutarlo hasta el final, inmortalizar en nosotros sus más hermosos recuerdos, para que no duela el pensar lo que en nuestra alma supo habitar, y no sentir vacío ni frustración por lo que es realmente bello…
Si algo en ti germinó, no te prevengas, cultívalo que adornará tu corazón y entenderás la razón por la que en tu vida ese sentimiento nació…

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