lunes, 7 de julio de 2008

HOSPITAL DEL ALMA...

Así como existen clínicas, que atienden del cuerpo toda enfermedad; también ha de haber en algún lugar, un hospital para que el alma se pueda sanar y recuperar. Y cuando sientas que las espinas del camino te han herido el alma y la han hecho sangrar o cuando experimentes que el desamor y la traición te han quebrantado la esperanza y te duele el corazón; es necesaria una dosis reforzada de amor y comprensión que sane tus heridas y repare tu ilusión.

Si tienes síntomas tales como que te da escalofrío la soledad aunque hay mucha gente cerca y a tu alrededor, necesitas cubrirte muy bien de abrazos sinceros y rodearte de una verdadera amistad, que te brinde calor y protección.

Si te invaden pensamientos negativos y las piernas te tambalean cuando intentas avanzar; o si sientes que el miedo se apodera de ti y crees que no podrás lograr lo que deseas alcanzar; urge que te inyectes varias veces en el día palabras optimistas y frases que te recuerden lo mucho que Dios te ama y los dones que a diario te ha sabido regalar; hazlo tanta veces sea necesario hasta que se equilibre tu autoestima y experimentes autoconfianza y seguridad.

Si la opresión en tu pecho te produce angustia y muchas ganas de llorar; si te intoxicas con todo lo que te has de reservar; es necesario que liberes todo eso, encuentres unos oídos que te escuchen, y un alma amiga en la cual reposar; tienes derecho a expresar lo que sientes así tal cual, sin que nadie te juzgue o te mida por ello y mucho menos te vayan a traicionar.

El alma se enferma de muchas maneras, cuando no se alimenta bien, cuando se llena de palabras que le hacen daño, se rodea de personas que la asfixian, o elige vivir situaciones que no son sanas y deforman su esencia, recorrer caminos que la hacen caer, hundirse en el fango, quebrarse en mil pedazos…

También la debilita el esfuerzo sobrehumano que a veces hace, cuando no se permite expresarse o se disfraza de superhéroe que no siente y que todo lo arregla o lo sabe. Al alma le urge un descanso, oxigenarse, examinarse, descubrir a tiempo lo que siente para no dejar que el mal avance… cada persona vive su proceso, y tiene las propias dosis para curarse, por eso siempre hay que tener a la mano, muchos abrazos disponibles, palabras sinceras que sanen, oídos, corazones y brazos abiertos, amistades que fortalezcan, lentes que ayuden a ver mejor las cosas, una fe que sostenga y no permita que nadie desfallezca; que haga posible los milagros para que el alma se reponga, se levante y ande.

Si tu alma se siente enferma, no te olvides acudir al mejor Doctor que puede sanarlo todo con su infinito amor; llámalo con una oración, El es Jesús el Salvador…

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