martes, 22 de abril de 2008

SUPLICA DE LA MADRE TIERRA...

Escúchame, Hijo... quiero decirte algo: En el Principio creó Dios los cielos, la tierra, separó la luz de las tinieblas, creó el firmamento, el sol y la luna, el día y la noche. Dijo Dios a la tierra que produjera toda clase de semillas, árboles y frutos; y luego pobló el universo de seres vivientes; creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, les dio potestad sobre todas las demás criaturas, y vio Dios que todo lo que había hecho era bueno. (Génesis 1, 1-31)

Sí lo sé, todo lo que Dios ha hecho es bueno, me lo dice mi Fe, me lo dicen mis padres y mis maestros, me lo repiten cada domingo en la Iglesia; sé también que debo dar gracias por todo cuánto me ha dado y aprender a descubrir y experimentar su amor en todo lo Creado. Pero dime algo, por qué me llamas hijo, si a mi Madre, la que me dio la vida, en casa la he dejado?


Soy tu Madre, la Tierra, de la cual naciste, Dios tomó un poco de mi barro, sopló su aliento y te concedió la vida como el mayor don que se te ha dado. Soy tu madre, de mí te alimentas, con los frutos que de mis entrañas me has arrancado; en mí te apoyas, avanzas, descansas, construyes tu propia casa y tus propios caminos te trazas para contemplar más adelante tus sueños realizados.

Es verdad, quizás me lo han repetido muchas veces pero no lo había pensado, es fácil ignorar lo que siempre tenemos, seguir de largo, no cuidar lo que poseemos, solo aprender a valorarlo cuando lo hemos perdido y vemos ya todo acabado. Es común decir amo la tierra en la que he nacido, por todo lo que me ha ofrecido, pero nunca nos cuestionamos si realmente correspondemos a lo que nos has regalado.


Sé que las cosas que se te ofrecen ahora te distraen y atraen, es mejor optar por lo moderno y fácil, acostumbrarse a lo que pasa, siendo espectador y hasta promotor de la sangre que en mi suelo se ha derramado, de tantas criaturas muertas por tus propias manos o por el mal cuidado que a la naturaleza se le ha dado, contaminación, deforestación, urbanismos, asesinatos, guerras, bombas e inventos que buscan alcanzar poder y satisfacción, aunque ello implique mi destrucción, tu destrucción.

¿Por qué me dices eso a mí? ¿por qué me lo reclamas? Si nunca te he robado nada ni he matado, he pertenecido a grupos ecológicos, he reciclado, hasta he rezado por ti y tu día he celebrado... que da de más si hago o dejo de hacer, si el resto de la humanidad de eso no se ha conscientizado?


Lo digo porque nada de lo que hagas es suficiente ante todo lo que viene; cada día son más y más las noticias de muertes, incendios forestales, mares y tierras contaminadas, petróleo derramado, agua desperdiciada, sangre de hombres y mujeres que sin piedad se derrama; cada día son más los árboles que se derriban, los bosques que se terminan, para llenar de ladrillo y cemento cada rincón del alma mía. Cada día son más las especies que se extinguen, las fábricas químicas y armas nucleares que se erigen, cada día es más grande y profunda la herida que en mi corazón y en mi cielo ya existe, y me estoy recalentando, me estoy secando, estoy muriendo y en muy poco tiempo, ni siquiera un milagro podrá salvarme, porque ya será demasiado tarde, y hablar de ríos, mares, animales, plantas, flores y árboles frutales, será hablar de un pasado que no volverá, será como recordar a la Madre que te dio la vida, te cuido y ya no vive, sin darte cuenta, tu mismo la habrás matado; algún día hablar de naturaleza y paisajes, será como hablar de cuentos de hadas que solo en la imaginación existen, porque sin darte cuenta tu mismo me destruiste.

¿Qué puedo hacer? No quiero perder a la Madre que me vio nacer y me ayuda a crecer...


No te quedes ahí, callado, acomodado, resignado... Estamos a tiempo, pero este no se detiene, avanza y no retrocede... Toma conciencia de todo esto, no desperdicies el agua, la luz eléctrica, une tu voz a otra voz, da a conocer el sentir de esta madre que sufre y teme por su vida y la de sus hijos; una madre que no quiere ver correr más sangre, ni ver morir más animales y árboles; una madre que se lamenta por las especies que ya no existen, y le duele demasiado ese cáncer que crece y la invade, consumiéndola, deshidratándola, destruyéndola.


Todo esto nos tiene que tocar un poco y no dejarlo pasar, es mi realidad, es tu realidad, es la realidad, es hora de que nos unamos y hagamos algo más allá de decir lo mismo de siempre y no actuar. Que esta oración que hoy realizamos sea la súplica por la Madre Tierra, en acción de gracias por lo que Dios a través de ella nos ha dado, por la docilidad y fertilidad que de sus entrañas nos ha entregado; y a la vez como petición por su salvación, para que no exista más muerte y destrucción, logremos conservarla y perdurarla, para hacer de este un mundo mejor.

(En el día de la tierra una súplica que brota del corazón... )

1 comentario:

LUIS En Verde dijo...

¡Que Hermoso! Soy ecologista y me gustó muchisimo y me sumo como admirador