lunes, 11 de febrero de 2008

DOSIS DE AMOR

¿Cómo saber a quién y en qué medida dar amor?... ¿Cómo poder dejar de amar a quien no se debe y aprender a amar con más intensidad a quién realmente nos quiere?… Son preguntas que alguna vez en la vida nos hemos hecho. El amor es un sentimiento que brota sin avisar y sin ni siquiera programarlo; se convierte muchas veces en un misterio el cual es muy difícil definir; se esconde y finge estar dormido, cuando tal vez por haber sufrido, queremos negarnos el hecho de asumir que estamos amando y que ese sentimiento nos puede hacer sentir vivos o nos puede estar matando.

El amor no es una cuota que se le quita a quien al amarle nos hizo daño y nos causó desengaño; para darla a otro que caminando a nuestro lado, anhela sentirse por nosotros amado. El amor se nos clava en lo más profundo del alma, y es muy difícil poder arrancarlo; duele demasiado tratar de desprender lo que se siente por aquel a quien hemos amado, aunque no nos ame igual y nos produzca desengaño, aunque quizás nunca haya sabido el sentimiento de amor que nos ha generado. El amor no se ofrece por dosis ni por cantidad, no podemos decir, a esté amaré menos o le amaré más; le quitaré mi cuota de amor a aquel para dársela a alguien más. El amor se experimenta de acuerdo a lo que se vive, disminuye o aumenta su intensidad sin que tengamos control de lo que nos puede forjar, es indescriptible, sobre todo inmedible.
En la medida que más amemos, más necesitaremos sentirnos amados; porque cada gota de amor que ofrecemos, es un pedazo de corazón que entregamos, nos deja un vacío en el alma, que debe ser recubierto, por un trocito del corazón de aquel que nos entregue su amor. Aquellos que por temor, no se permiten sentir amor; quizás porque creen que se les ha sido negado, son los que más añoran y anhelan experimentarlo; esconden su vacío y necesidad en agresividad e indiferencia; no quieren que se vea su debilidad ante tan grande carencia; su única manera de salvarse es recibir grandes dosis de aquel sentimiento tan intenso que ayuda a sentir lo que significa realmente vivir.


Existe una gran verdad, que transformaría del mundo su actual realidad; todo sería distinto si logramos amarnos los unos a los otros como Dios nos ha sabido amar.

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