martes, 12 de junio de 2007

LO REALMENTE GRANDE SE ESCONDE EN LO PEQUEÑO

Hay un alma grande en un cuerpo pequeño, que desborda un inmenso amor, y lucha por alcanzar sus sueños.

Hay unas manos pequeñas que trabajan, construyen grande ideales, trabajan y se esfuerzan, no se rinden ante las dificultades.

Hay unos pies pequeños, que aún con dificultad no se cansan de caminar, y aunque sus pasos son cortos, sus pisadas firmes dejan huellas que nada ni nadie podrá borrar.

Hay un corazón grande, escondido en un cuerpo pequeño, donde Dios se goza en El y con El hace realidad su sueño.

Hay un ser pequeño de estatura, pero que a la hora de luchar, amar y soñar, supera todas las alturas.

Hay un ser con un alma grande que se esconde en una pequeña figura, y atrae todas las miradas aunque no es una escultura.

Hay un ser tan pequeño que aunque a veces no alcanza encender la luz, ha logrado alcanzar más cosas de las que te puedes imaginar tu.

Ese ser del que a veces te ríes, o al que tal vez lo mides por ser pequeño. Ese que parece demasiado imperfecto, es en el que Dios da muestra de su perfección y ve en El realizado su sueño.

Y sólo quien ve con los ojos de Dios, ve con el corazón lo esencial y descubre la grandeza que se esconde en lo pequeño.

Y quiso Dios, ubicarlo en este mundo, para que los demás aprendieran de él, que desde abajo se ve más la grandeza del cielo

LA GRANDEZA DE LAS COSAS PEQUEÑAS...

Alguna vez leí: “Somos Poco felices con lo Mucho que tenemos y vivimos Muy tristes, por lo poquito que nos hace falta”...

Nos sentimos inconformes, queremos imitar a otros, que tienen lo que tal vez no poseemos: estatus, comodidades, altura, buena apariencia y figura, moda que a todos no acomoda; y en nuestro afán de agradar o de pertenecer a un lugar, dejamos de ser nosotros mismos, nos sentimos vacíos, ¡olvidamos lo realmente esencial!...

Aquellos a los que copiamos, no saben soñar; limitan todo, se trazan metas muy bajas o demasiado altas, y aún así no las logran alcanzar; porque más que luchar por superarse, se esfuerzan por aparentar...

Dios les grita su amor, y no lo escuchan, buscan un ser superior que se esconde en piedras, velas y amuletos, quieren llenar el vacío que hay en su interior, por eso, en la primera dificultad o dolor, buscan la salida más fácil, se dañan a sí mismos, y terminan peor...

El secreto de la paz interior está en descubrir la grandeza que esconde lo pequeño; aprender a experimentar el amor de Dios desde el primer respiro que lanza el corazón; se puede también sentir, en lo que cada día nos regala y nos permite vivir...

Mientras luchamos por cambiar esas cosas que de nosotros mismos no aceptamos, dejamos a un lado la riqueza interior que poseemos y que no valoramos... sufrimos por no tener zapatos, mientras afuera a alguien que sonríe y no tiene pies; nos lamentamos si tal vez no sabemos correr, olvidándonos de los pasos que damos, tal vez lentos, pero que van dejando huellas por los caminos por los que andamos...

Nos deprimimos cuando no tenemos lo que queremos, y no disfrutamos del cielo que con nuestros sueños tocamos; no podemos rendirnos en el primer intento, mientras estemos vivos, una nueva oportunidad se nos ha regalado...

Es necesario descubrir la grandeza que esconden las cosas pequeñas, emocionarnos al ver una flor, soñar al contemplar las estrellas; extasiarnos con la creación, aprender a ver con los ojos del corazón; sonreír a la lluvia y al sol, sentir en el viento la caricia de Dios... Contagiarnos de la risa de un niño, brindar a todos nuestro cariño, saber transformar nuestras limitaciones, en inmensas bendiciones

Celebrar cada encuentro que tengamos, con nuestros seres amados; no pedirle nada más a cambio del amor que le brindamos, solo que exista y que no deje de sonreír, que con ello, da sentido a nuestro vivir...
Si nos hace llorar una espina, contemplemos la belleza de la Rosa que nos hirió; así el dolor, cambiará de color... Si no podemos volar, contemplemos desde abajo la grandeza del cielo que nos sabe cubrir y la tierra adornar...

No añoremos un jardín, si ya tenemos una flor; dejémonos de lamentarnos por lo poco que carecemos, demos gracias al Amigazo por lo mucho que poseemos... recordemos que en nuestra alma hay un toque de su perfección.

No se trata de conformarnos y dejar de soñar; lo que El quiere, es que aprendamos a descubrir lo que es realmente esencial, lo que de verdad puede hacernos feliz y llenar nuestra alma de Paz, aunque tengamos que reír o llorar...

Y si algún día sentimos soledad, no renunciemos a vivir, aprendamos a descubrir, la grandeza que en las cosas pequeñas hay...

EL MUNDO DONDE VIVO

EL MUNDO DONDE VIVO...

El mundo donde vivo, es construido por gente grande, todo lo coloca tan alto, que a veces ni ellos mismos pueden alcanzarlo...

El mundo donde vivo, está habitado por personas, que para hablar con ellas, hay que levantar el rostro, por eso muchas veces no escuchan lo que queremos...

El mundo donde vivo, está adornado de paisajes multicolores, y podemos disfrutar de ellos, sin mucho esfuerzo...

El mundo donde vivo, está repleto de tesoros, que se encuentran escondidos en las cosas pequeñas, esas que no se pueden ver con los ojos sino con el corazón...

El mundo donde vivo, nos invita siempre a llegar bien lejos, esforzarnos para alcanzar aquello que queremos, luchar por hacer posible, todos nuestros sueños...

El mundo donde vivo, es como un inmenso jardín donde Dios me ha plantado, para levantar mis brazos al cielo, para crecer bien alto; y la grandeza de mi árbol no la mide mi estatura, sino la profundidad de mis raíces, y los frutos de mi trabajo.
El mundo donde vivo, parece demasiado grande, porque no puedo tocar el cielo, porque todo se ve alto... pero realmente es un mundo pequeñito, hecho especialmente para mí, para poder ser feliz...

El mundo donde vivo, lo guardo en mi corazón, es mi pequeño gran mundo, ese que mi regalo mi Dios... para hacer realidad mis sueños, y los de mis hermanos pequeños...

El mundo donde vivo, es un mundo para todos, no importa que seas grande o seas pequeño, es el mundo que Dios ha puesto en nuestras manos, porque ha sido El mismo quien nos ha creado, así tal como somos, y así tal cual nos ha amado.