domingo, 28 de octubre de 2007

CUANDO LAS COSAS NO DAN PARA MAS…

Hay momentos en la vida en que las cosas parecieran que no dan para más; se experimenta el dolor más grande, se siente la más profunda soledad, ya los ojos creen no poder encontrar una luz en el camino, se acaban las fuerzas, se aumenta el cansancio y no sabemos qué más hacer, a dónde ir ni que esperar. Pareciera que la solución es imposible, creer en un milagro sería una fantasía, porque la Fe se debilita, cuando lo humano no encuentra ninguna otra salida y el vacío se convierte en una sombra enorme que envuelve y opaca el sentido que pueda tener el vivir a tal punto que hasta muy dentro el ser llega a anhelar mejor morir.

Ahí cuando todo se sale de las manos, ninguna puerta se abre y no hay un corazón en el camino, capaz de amar, consolar, apoyar y ofrecer la compañía y la paz que tanto se necesita; en esos instantes en que el tiempo sigue pasando de largo, cruel e indiferente, caminando más despacio cuando se quiere realmente que pase veloz y todo esto se lleve…

Los demás asumen la actitud de espectadores, critican, opinan, dicen de dientes para fuera que tarde que temprano todo va a pasar; algunos prefieren alejarse para no involucrarse, otros creen que con lástima y compasión cumplen su misión de ayudar y salvar… Cuántos realmente entienden lo que se siente y ha de pasar?... Cuántos ofrecen sinceramente su amistad?...


Es ante la enfermedad que parece no tener cura, el dolor que con nada se logra sanar, la pérdida que ya no se puede recuperar, la partida del que no volverá; en esos días en que todo parece cubierto por una nube gris, donde la tempestad es tan fuerte que pareciera con todo arrasar, en el cansancio del alma y el quebranto de toda ilusión, lo único que realmente queda es Dios. Tal vez al orar no se escucha respuesta, y pareciera como si nos hubiera abandonado u olvidado; quizás hemos llegado a pensar, que nos castiga, es injusto y no mira hacia abajo… La humanidad nos hace frágiles y el dolor puede doblegarnos a tal punto que se debilita la fe y creemos que nada hemos de tener.

Sin Dios todo pierde su sentido, la vida se hace más vacía, no encontramos ninguna otra salida, nos caemos al abismo más profundo, nos rendimos y renunciamos, nos soltamos de su mano, nos perdemos del camino y se nos viene el mundo abajo. Quizás podamos sentir que aún con El las cosas siguen siendo difíciles y pareciera que nada fuera a mejorar, pero es de Dios la fuerza que nos viene y nos mantiene luchando, esa paz que a veces sentimos y no sabemos explicar… es El quien nos regala otra oportunidad de luchar, de no rendirnos, nos va mostrando caminos, nos lleva alzados en sus brazos y nos expresa de mil formas lo mucho que nos ha de amar… Por eso, cuando las cosas no dan para más… la fuerza y la paz que necesitamos en Dios las podremos encontrar…

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