sábado, 7 de julio de 2007

EL PREMIO MAYOR


Alguna vez mi madre me contó, que cuando nací, siendo poseedora de esta condición especial y no habiendo casi ninguna clase de información y menos de antecedente familiar; ella le preguntó a los Doctores, por qué sucedió o qué fue lo que pasó y como respuesta recibió: No hay explicación, ninguno de los dos padres es culpable, ha sido la mutación de un gen en el momento de la concepción, le puede pasar a cualquiera, es como una lotería en la que ustedes se han ganado el premio mayor.

Así es esta condición, no avisa cuando viene toca aún al que jamás lo imaginó, no es castigo ni mucho menos una maldición; es cosa del destino, hace parte del plan de Dios; El muestra su grandeza en aquello que el mundo ve pequeño, El rompe todo patrón que el ser humano se inventó; El elige a los padres a los cuales desea bendecir con el premio mayor.

Todos los seres humanos sueñan con riqueza y fortuna, compran lotería con el anhelo de ganar; mis padres como otros muchos, no buscaban ni pedían nada, solo soñaban un hijo o hija que bendijera su hogar; para ello no compraron ningún billete; Dios quiso premiarlos y por eso los eligió, uno entre veinte mil, ellos fueron los escogidos para cuidar y disfrutar de nosotros, sus más pequeños y grandes hijos. Para muchos esta elección es motivo de sorpresa, angustia, temor y confusión; se sienten vistos y señalados por una sociedad, que se alimenta en la medida que con comentarios y miradas devora y arrasa con los demás.

Ganarse la lotería implica muchas veces, no saber que hacer, cómo gozar y proteger ese tesoro tan valioso que Dios en sus manos quiso poner; se llega hasta experimentar el miedo de equivocarse, elegir el camino errado y hasta llegarlo a perder.

Hoy retomo aquel ejemplo que mi madre un día me dio, cuando me dijo que tenerme ha sido la mejor lotería que se ganó. Eso me hizo sentir que al llegar a ella, la he enriquecido, que soy la mayor fortuna que el destino le ha concedido, ser su hija es para ella una bendición; mi vida le ha sanado toda vanidad y superficialidad, ser mi madre no la avergüenza, sino que la enorgullece y siente que el mundo la mira y admira, porque se le ha confiado en sus manos el premio mayor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermosas palabras...