martes, 17 de abril de 2007

EL PUENTE


Horacio era un hombre feliz, tenía el hogar que soñaba, una esposa buena y 4 hijos que adoraba… De los cuatro había una, que aunque no lo gritaba a los cuatro vientos, era a la que más amaba, porque cuando nació los médicos dijeron que era muy difícil que viviera mucho tiempo y quizás ni a los 10 años llegaba.

El se dedicó a ella en cuerpo y alma, le enseñó a soñar con volar, cuando aún no caminaba, y conjugó en su vida los verbos amar, reír, creer y soñar, aún desde antes que aprendiera hablar.

La niña se iba superando y vencía todo aquello que se le presentaba, los médicos se equivocaron, la fe y el amor la fortalecían y sanaba. Su corazón aunque era más grande latía con fuerza y luchaba.

Año tras año, Horacio disfrutaba de sus hijos, sobre todo de Orit, esa pequeña a la que adoraba, ella se hacía fuerte, aunque con dificultad corría y caminaba; pero su padre la enseñaba a soñar y le decía siempre que donde quisiera llegar, si ella luchaba y se esforzaba, llegaba. Le fabricaba mil sueños, desde viajar por el mundo, ser alguien famoso, crear música, arte, alcanzar las estrellas, crecer tan alto que tocaría al cielo; todo era posible si ella luchaba por ello; así como pudo vivir cuando muchos creyeron que muy niña iba a morir.

El amaba a todos sus hijos, pero Orit algo especial le inspiraba, hacían mil cosas juntos, desde ver la TV, cantar viejas canciones, escribir discursos, pintar caricaturas, soñar, recorrer el mundo, escaparse a comer helados, hablar de animales, hasta pelear el control de la TV para ver quien elegía los canales que más les gustaba. Así compartieron muchos momentos de sueños y alegrías que cada vez más los unía.

Un día su hijita enfermó con varicela, y el siempre la visitaba, aunque muchos le decían que no lo hiciera porque se podía contagiar, pero el no hacía caso y no le importaba. Y cuando ella se curó a los pocos días el enfermó. Todo parecía normal, la varicela es una enfermedad que a todo el mundo le da, y al parecer la de él era leve, porque casi no se le veía.

A los dos días muy temprano, un dolor fuerte en su estómago lo azotaba y decidió irse a la cínica solo para que los médicos lo revisaran. Cuando sus hijos se despertaron, el ya no estaba, pero todos creían que al poco rato regresaría, pero no fue así, poco a poco se fue complicando, la varicela se extendía por dentro y con todos los órganos arrasaba.

Su hija amada, la más pequeña, en silencio sufría, no podía ver a su padre, tampoco le dijo nada, solo podía rezar mientras que veía como el tiempo pasaba y su fabricante de sueños en silencio se moría.

Le envío una carta, pero ese día su padre cayó en coma y no la pudo leer, desde entonces solo le pidió a Dios que su padre se curara y pudiera a casa volver…

No la dejaban verlo, se aferró a Jesús Sacramentado; organizaron una jornada de oración con una hora santa, para que su papá se curara…

Una noche después de salir de la Iglesia, se preparaban para ir al hospital, pero el teléfono sonó, Orit lo contestó, al otro lado una voz pronunció esas palabras que nunca hubiera querido oir, su fabricante de sueños, acaba de morir.

De Dios le vino la fuerza para poder comunicarle a los demás, que su padre se había ido al cielo sin decir adiós y no volvería jamás.

Sus ojos recorrieron cada rincón de la casa, el sillón vacío donde veía la TV, el piano que el no escucharía más, la cama que no contemplaría más sueños, las paredes de la casa que no lo verían ni escucharían más, pero lo que más lo extraña era su propia alma porque había perdido lo que más amaba.

Qué difícil era entender que su héroe había muerto y que su fabricante de sueños ya no estaba. Qué duro era aceptar que ese 15 de febrero de 1994 era el primer día del resto de la vida sin él y que ahora tenía que continuar sin ese ser que le había enseñado a creer que la fe era tan poderosa que hacía realidad sus sueños como por arte de magia y si eso era verdad, por qué tuvo que morir, si pidió con todas las fuerzas de su corazón otra oportunidad para disfrutar más de él y que pudiera un tiempo más vivir.

El día del sepelio todos lloraban y mientras el cajón iba perdiéndose en la profundidad de la tierra, ella pensaba en lo difícil que era aceptar que no lo vería más… Los demás le arrojaban flores que el no vería ni se llevaría, y ella pensó en las flores que en vida le dio, los momentos felices que compartieron, el tiempo que en vida con el aprovechó, el orgullo que le inspiró, los sueños que realizaron. Ahí entendió algo, ella no lo mató por la enfermedad que le contagió, ella fue el puente entre su Padre y Dios y fue el instrumento a través del cual, el Señor le expresó su más grande amor.

Al final como todos los que se van, dejan una herencia, Orit recibió la más grande herencia que jamás imaginó, la cual no estaba escrita en ninguna notaría, sino en su corazón… ella era la heredera universal de sus sueños que él le fabricó, el amor y la fe que en su alma sembró, los más bellos recuerdos de su infancia, la satisfacción de haber conocido un héroe y verlo convertir en el ángel que desde el cielo la acompañaría y cumpliría la promesa que siempre le hizo, que nunca la abandonaría. No le dejó casa propia ni cuentas bancarias, pero si le heredó la fuerza que le ayudaría a que ella, la más pequeña, sería el pilar que el hogar sostendría; le dejó a su mamá, la mujer que él más amó, y a sus hermanos, la razón de su vivir, los frutos de su amor; le dejó la fuerza para no rendirse nunca, la esperanza para no desesperar, la alegría que a él le caracterizaba, y todos esos sueños que juntos fabricaban y anhelaban hacer realidad.

Horacio se ha ido al cielo, ahora es un ángel que contempla orgulloso y feliz a su pequeña Orit, que lo sigue amando más que nada, no lo olvida y sigue manteniendo vivo todo lo que de el recibió y las huellas más hermosas que en su alma dejó… Su fabricante de sueños no se ha ido, permanece vivo por siempre en su corazón. .. For Ever...

4 comentarios:

jana dijo...

simplemente hermoso...
como hermoso fue ese ser llamado horacio,los momentos q compartiste con el,las enseñanzas q te dejo y la fuerza de vida q sembro en ti, y tienes razon tu papi no se fue nunca y ahora desde el cielo te cuida y te ilumina, esta contigo cada instante,porq un amor tan grande va mas alla de la eternidad ---..---
tqm y lo sabes

Anónimo dijo...

Hola, todo esto es muy triste.
Dime aalgo, en verdad esto pasó?
Por favor contéstame, mi correo: nicck_@hotmail.com

dark_angel dijo...

hola Kary, muy sentido tu escrito,ya te he dicho yo que tu tienes esa capacidad de ver las cosas en su mayor extensión de positivismo y eso lo reflejas siempre en lo que plasmas, suena grandioso ese amor que tu y tu papa se tenían, y pues la muerte es algo que todos viviremos, unos antes que otros pero ahi está... lo que cuenta son los momentos que compartamos con esa persona que nos importa...
un abrazo
Cata

Kary dijo...

Gracias Janita y Cata...las quiero amigas..